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La caída histórica del petróleo no llega al surtidor: el crudo baja cinco veces más que la gasolina

El desplome de los precios del barril Brent en una guerra comercial que amenaza con dinamitar de nuevo el renqueante sistema financiero internacional apenas tiene reflejo en los precios de venta al público de uno de los productos cuyo consumo más ha caído con el 'gran encierro'.

 

Los precios del petróleo llevan semanas sufriendo un desplome histórico que, sin embargo, no llega al consumidor ni tampoco a la cadena productiva realparalizada en la mayor parte del mundo desarrollado por el gran encierro causado por la pandemia de coronavirus: el crudo se ha abaratado un 77% en los mismos cuatro meses en los que las gasolinas y gasóleos han bajado entre un 12,6% y un 16,2%, es decir, cinco veces menos.

Ese desplome, en el que confluyen causas geopolíticas y comerciales además del parón global de la actividad productiva, ha llevado los precios del crudo a niveles de hace casi dos décadascomo los 15,17 dólares (13,95 euros) que marcaba el barril Brent (159 litros) el pasado martes, una cota que no se recordaba desde principios de 2001 y que llegaba precedida del pinchazo puntual de 9,12 dólares y un registro negativo tan fugaz como histórico el martes 21. Había cerrado 2019 a 67,31 (60,57 euros), lo que supone un descenso del 77,62%.

En esos mismos cuatro meses, según los datos del Ministerio de Industria, el precio medio de venta al público de la gasolina sin plomo 98 bajó de 1,436 euros el litro a 1,255, el del combustible de 95 cayó de 1,348 a 1,15 y el del gasóleo de automoción pasó de 1,223 a 1,025, unos porcentajes entre cinco y seis veces menores que los de la materia prima a partir de la que se producen: un 77% frente a una horquilla del 12% al 16%.

¿Y por qué ocurre esto? ¿Por qué un abaratamiento de tal magnitud del petróleo antes de ser refinado no se traduce en otro proporcional en los combustibles? "Se trata de mercados muy sujetos a intervención y cuyas variaciones de precios no llegan a los consumidores. Son mercados muy controlados en los que se mezclan intereses gubernamentales, empresariales y geopolíticos", explica Juan Torres López, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Sevilla.

Más de la mitad del precio de venta son impuestos

A eso se le suma la estructura de precios de los combustibles fósiles, que comparte rasgos de cautividad con la de la que se aplica en el sector de la energía eléctrica, más proclive, por otro lado, a acusar las tendencias alcistas que las bajistas.

"El precio crudo, que varía en función de cómo están los mercados internacionales, solo afecta al 30% o el 35% del precio de venta final de los combustibles", explica Pilar Soto, presidenta de Aesar (Asociación de Estaciones de Servicio de Aragón). A eso se le añaden los costes de refino, de distribución y de marca que aplican las petroleras, que puede superar el 12%, el 5% de margen de las gasolineras autónomas y la doble imposición que suman el Impuesto de Hidrocarburos y el IVA del 21%, que suman un 54% del pvp de las gasolinas y el 48% en los gasóleos no bonificados.

La CNMC (Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia) cifra el peso de la materia prima en un 28% y el de los impuestos en un 56% para la gasolina sin plomo de 95, mientras que para el gasóleo estima, respectivamente, un 35,6% y un 49,8%.

"Somos el último eslabón de la cadena y trabajamos con márgenes muy estrechos, por eso no se notan las bajadas", señala Soto, en línea con lo que apunta Torres, mientras algunas franquicias optan por el autoservicio como fórmula para bajar el precio final a cambio de prescindir del personal.

A esto se le suman factores como la norma por la que las petroleras exigen el pago a nueve días para las cubas, de 32.000 litros, un plazo que están ampliando en las últimas semanas en un movimiento que tiene como objetivo no generar más estrés en un sector cuyas ventas han caído en un 85% en las gasolineras de carretera, un 90% en las urbanas de ciudad y un 95% en las rurales mientras los cobros a crédito siguen creciendo. "Los fines de semana no se vende nada. El precio es más barato que antes de la pandemia, pero el consumo ha caído, salvo en el transporte", añade.

 

La desconexión del precio final y el de la materia prima

En cualquier caso, y pese a que el sector está agotando su capacidad de almacenamiento al superar el excedente diario los 30 millones de barriles, lo que está llevando a Rusia y a Arabia Saudí a plantearse un recorte de 42 en su producción, nada apunta a que esa tendencia bajista de los precios vaya a mantenerse en los próximos meses, cuando la actividad productiva se vaya reanudando en todo el planeta, ni en la materia prima ni en el producto final

"La acumulación de reservas no puede seguir", señala Torres, convencido de que "los precios se irán recuperando a medida que lo haga la actividad" por la confluencia de varios factores entre los que se encuentran el interés de los gobiernos en mantener elevados los de venta al público para garantizarse una vía de ingresos tributarios en plena crisis pandémica y el propio aumento de la demanda con el reinicio de la producción.

De hecho, las cotizaciones en el mercado de futuros, donde el barril Brent superó los 25 dólares el lunes y los 24 el miércoles para entregas a tres meses vista, a finales de julio, llevan una semana revirtiendo la tendencia bajista de las tres anteriores.

 

Producir por más del doble del precio de venta

Lo que ya no está tan claro, por el contrario, es que esta saturación artificial del mercado del crudo no vaya a acabar teniendo efectos secundarios para el conjunto de la población por el riesgo de generar una crisis de deuda en el sistema financiero estadounidense, con sus obvios riesgos de contagio a nivel global, como ocurrió en 2008 con las hipotecas subprime.

El colapso del tinglado petrolífero tiene su origen en una guerra comercial con tres protagonistas: EEUU, que pasó de ser importador de crudo a exportador con la expansión del fracking o fractura hidráulica (y de sus nocivos efectos ambientales y sociales), y, enfrente, Rusia y Arabia Saudí, que pasaron al contraataque al advertir cómo se desequilibraba un negocio que dominaban con sus emporios estatales.

Mientras tanto, otros productores de menor entidad, como Irán, Irak, Venezuela, los países del Golfo Pérsico o la propia China, asistían a una debacle que encendía todas las alarmas por la evidente necesidad de acudir a la deuda para poder financiar sus aparatos estatales ante el estrangulamiento de una de sus principales fuentes de ingresos.

"EEUU tiene un problema serio. Tras impulsar el fracking, que tiene unos costes de producción muy elevados, no es capaz de absorber su producción", anota Torres. "Ese shock de la producción llega por una estrategia loca de máxima extracción con la que Rusia y Arabia buscan que EEUU vuelva a ser importador", explica Tom Kucharz, de Ecologistas en Acción, que anota cómo esa línea ha acabado coincidiendo con "el shock de la demanda por la caída de la movilidad y de la producción en todo el mundo por la pandemia".

"El precio bajo responde a movimientos especulativos en unos mercados internacionales que replican métodos utilizados con las hipotecas subprime", apunta Kucharz, especialista en Relaciones Internacionales y en Economía Mundial, que añade que con esas cotizaciones "no es factible mantener las extracciones en EEUU", cuyas petroleras medianas y pequeñas comienzan a asfixiarse.

Las grandes llevan más de un año retirándose del fracking por sus elevados costes, que duplican el de venta con más de 39 euros por barril frente a los tres de las plataformas, los 2,8 de Arabia o los cinco de Rusia.

¿Otra crisis como la de las hipotecas 'subprime'?

Esos desmesurados costes de producción y las bajas cotizaciones han provocado la asfixia de las pequeñas y medianas petroleras estadounidenses, cuyo elevado nivel de endeudamiento provoca temblores en las corporaciones bancarias. "¿Qué consecuencias tendrán sus impagos? ¿Pueden llegar a provocar una crisis como la de 2008?", plantea Kucharz.

 

El Gobierno de Donald Trump ha optado por la intervención comprando 75 millones de barriles de crudo local que tienen sus reservas a rebosar, lo que ha provocado la llamativa imagen de flotas petroleros sin espacio para descargar, y por dedicar al sector petrolero una parte de los dos billones de dólares de su plan de rescate ante el coronavirus, mientras sugiere a la reserva federal que invierta en el sector parte de los 750.000 millones que va a movilizar por la pandemia.

 

Esas dos últimas medidas entrañan el riesgo de traducirse en nuevos aumentos de la deuda de las petroleras estadounidenses cuando siguen las turbulencias en el mercado del crudo, como prueba el hecho de que la producción sigue manteniéndose en niveles históricos pese a que los sistemas productivos de Europa, Asia y América llevan entre uno y dos meses a medio gas en el mejor de los casos.

 

Autor: EDUARDO BAYONA 

Fuente: https://www.publico.es/

 

 

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