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Guerra comercial: sigue pasando el tiempo y esto juega en contra de Trump y a favor de China

 

 

 

En la práctica, estamos en el mismo punto que días atrás porque Trump sigue queriendo un acuerdo amplio y los chinos no, quienes siempre han querido tratar sólo las cuestiones que les interesan.

 

La única diferencia real respecto a una semana o tres meses atrás es que sigue pasando el tiempo y esto juega en contra de Trump y a favor de China. El primero se encuentra en plena campaña con la economía creciendo a un ritmo moderado y sin haber podido ofrecer la gran victoria comercial que deseaba, al tiempo que le acechan los problemas políticos a escala interna. De forma que su margen de acción se antoja más que estrecho, a la par que los chinos se muestran dispuestos a gestionar los tiempos y las palabras bajo una gran premisa: pueden asumir una situación temporal de freno global, pero nunca permitirán un escenario de fractura. En otras palabras, pueden dejar que la economía global continúe frenando, siempre y cuando sigan estimando que la situación resulta reversible en un periodo razonable. De lo contrario, actuarán rápidamente para evitarlo y, de llegarse a este punto, seguramente los intereses de chinos y estadounidenses convergerán.

 

Luego, el hecho de que los chinos estén abiertos a un acuerdo comercial parcial no resulta nuevo y tampoco es un hecho revolucionario, al igual que su declaración de buena voluntad apuntando su predisposición para comprar más productos agrícolas y ganaderos a Estados Unidos. China cuenta con un importante déficit de tierra cultivable y uno de los grandes desafíos del país es el hecho de garantizar la alimentación de su población en las próximas décadas.

 

De forma que la compra de alimentos a Estados Unidos es una necesidad y no implica ninguna cesión por parte de China, al mismo tiempo que sus autoridades parecen dispuestas a evitar los errores del pasado reciente. En las primeras etapas del choque comercial, los chinos optaron por sustituir la soja estadounidense por la brasileña y argentina y esto se tradujo en mayores costes para ellos, al mismo tiempo que Argentina y Brasil importaban soja mucho más barata en comparación con sus precios de venta a China. Además, debemos tener presente que los chinos, en ningún caso, ofrecen a Estados Unidos el aumento de las compras de bienes de alto valor añadido.

 

En resumen, China no oferta nada nuevo ni realiza ninguna cesión a Estados Unidos. Así, lo más positivo es que, finalmente, el equipo negociador del gigante asiático no recortará su estancia en Washington y parece dispuesto a evitar la percepción de un escenario de ruptura de las negociaciones. En este contexto, deben entenderse los gestos y pasos tendentes a abrir al exterior el sector financiero del gigante asiático.

 

El segundo frente respecto al cual seguimos siendo escépticos son los avances en las negociaciones del Brexit. Ayer, los rumores respecto a una gran cesión por parte de la UE tranquilizaban los ánimos, pero se antoja difícil una gran cesión que no ponga en entredicho la libre circulación en Irlanda.

 

En suma, el escenario central respecto a los dos principales puntos de incertidumbre seguirá siendo acorde con el enquistamiento de las diferencias. Una situación que se está traduciendo en una factura al alza para el Reino Unido, como será evidenciado por el retroceso de la actividad constructora en agosto y las mejorables cifras industriales del mismo mes. Por su parte, en Europa continental, conocíamos a primera hora que las exportaciones alemanas caían un -1,8% m. en agosto, dato que eclipsará el avance de la producción industrial en Francia e Italia.

 

En cuanto a Estados Unidos, ayer, las actas de la Fed no introducían matices de calado respecto a la reciente intervención de Powell. Los riesgos estuvieron en el centro del debate y, de hecho, se achacaba a los vinculados con el comercio y la geopolítica el incremento de la probabilidad de recesión a medio plazo arrojada por los modelos de la entidad.

 

En la anterior línea, los principales mensajes de las actas de la Reserva Federal estaban impregnados por un juego de difíciles equilibrios: “Aunque las lecturas sobre el mercado laboral y la economía en general continuaron siendo sólidas, ha surgido una imagen más clara de la debilidad prolongada de la inversión, la producción manufacturera y las exportaciones”. Una frase en la que indirectamente salía a la luz los efectos de los costes de las tensiones comerciales, los cuales eran la gran cuestión detrás de la estrategia proactiva defendida por algunos miembros de la Reserva Federal que, a la sombra de los riesgos, apostaban por una flexibilización temprana de la política monetaria para evitar que deban mantenerse tipos bajos durante un largo periodo de tiempo.

 

El anterior posicionamiento nacía de la preocupación y consciencia en la Reserva Federal respecto al limitado margen para bajar tipos y la posibilidad de volver a situarlos próximos a cero en la siguiente recesión. Los responsables de la política monetaria de Estados Unidos, en ocasiones anteriores, ya han dejado muy claro que no quieren adentrarse en las tierras pantanosas de los tipos negativos que en áreas como la UEM han sido resultado de las actuaciones tardías.

 

Luego, los principales puntos de las actas de la Reserva Federal no servían para enfriar las expectativas del mercado respecto a las bajadas de tipos en Estados Unidos, a pesar de la existencia en la institución de un bando que apuesta por esperar antes de dar cualquier nuevo paso. No obstante, el impacto de dicho bando se veía neutralizado por el hecho de que se esté debatiendo la posibilidad de plantear la compensación del déficit de inflación acumulado en Estados Unidos. Un déficit que, desde comienzos de 2012, ronda el 4,9% para el PCE central respecto a las cifras que debería haber alcanzado creciendo a un ritmo del 2%. De forma que podría evolucionarse hacia una meta de inflación a medio plazo, si bien se reconocía que esta posibilidad requeriría de una política de comunicación muy clara.

 

Sin embargo, esta información ha pasado a un segundo plano desde el momento en el que Powell apuntó a un ligero ajuste al alza del balance de la Reserva Federal y, además, se entendió que sus palabras abrían la puerta a nuevas bajadas de tipos a finales de este mes. Sin embargo, hoy, las cifras de 1,8% a. del IPC estadounidense de septiembre y, sobre todo, la resistencia de su tasa a nivel subyacente en 2,4% a. pueden enfriar puntualmente las expectativas hacia los recortes de tipos de la Fed.

 

Finalmente, de vuelta a Europa, no deberemos dejar de lado las actas del encuentro de septiembre del BCE, pues éstas seguramente macarán un giro hacia una estrategia de “esperar y ver” después del completo paquete de medidas de septiembre. Por ejemplo, el vicepresidente de Guindos, recientemente, declaraba que: “Mi impresión es que -0,50% es el nivel correcto en la actualidad y, en cuanto a cualquier otro recorte, tendremos una buena e intensa discusión en el Consejo de Gobierno” y “Aunque podemos reducir aún más los tipos de interés, los efectos secundarios de la política monetaria son cada vez más evidentes y más tangibles”. Todo ello en un día que amanecía a la sombra de unos datos de Japón que volvían a dar una señal de debilidad de país, en este caso en el ámbito industrial. Las órdenes de agosto caían un -2,4%, aunque lo reseñable era su fuerte contracción interanual (-14,5% a.) acusando la caída de pedidos extranjeros por quinto mes consecutivo.  

 

 

Fuente: consensodelmercado.com

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